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sábado, 3 de diciembre de 2016

GRACIELA PEROSIO / 5 Poemas de EL PRIVILEGIO DE LOS AÑOS





a pesar de los años nunca se sabe
cómo cruzar la calle ni 
cómo abrir la puerta 
ni cuál es el riesgo que se corre
qué hacer para evitarlo
o sondearlo
o bordearlo hasta llegar
a la orilla del otro
que nos llama nos dice 
nos mira nos pregunta
¡ay! no se puede
averiguar por fórmula
y hay que saltar sin
ver el fondo de la grieta
que separa y une
por el ansia de aire
de abrazo
de anillo carnal
y de horas quietas
las ansias, el ansia 
que no cesa 
no cesa



*    *      *


a veces, raras veces
al mirar atrás hacia las raíces
con los ojos cuajados de relámpagos
porque los temporales se agazaparon allí
pensás “¿será verdad que es ésa nuestra vida?
¿será cierto que los hechos ocurrieron así?”
la memoria se divierte con la fragilidad
de nuestros sentimientos
y dibuja historias fáciles de confundir
la palabra “yo” nombraba algo
hace tres meses 
que hoy no nombra
aún no había llegado el correo
que nos sumergió en la incertidumbre
ni había muerto ella 
a quien llamaban mi alter ego
y su voz me inundaba de risa
en el teléfono
eso que dice la palabra “identidad” 
es tan cómico
porque nunca es idéntico
lo idéntico y al mirar atrás 
qué ves, acaso
¿el cuento de la noche 
para poder dormir
o la esperanza
de despertar 
y averiguarlo?


*     *       *



las otras personas creen que nos ven
pero en realidad 
ofrecemos una pantalla
sobre la que proyectan 
sus propias ficciones 
argumentos de Hollywood
cada cual al gusto del género predilecto
por ejemplo: a mí me tocan 
las comedias de Doris Day
¿se imaginan?
qué tengo que ver con eso
absolutamente nada
pero nada nada
y entonces mi vida 
es toda happy end
qué curioso
aunque hay señoras que me ven más 
Joan Crawford o Greta Garbo
hasta María Félix y 
ocultan a sus maridos
creyendo que llega la mujer fatal 
que no perdona
¡ah! identidad
identidad de quién
¿de los guionistas?



*     *       *




¿seré la que cultiva 
mimbres en macetas
jacarandáes en cornisas de balcón?
¿la que ofrece agüita a los gorriones
y le silba bajito al colibrí?
¿la que recuerda cómo iba a ser
su retoño y ya no sabe?
¿la que perdió los sueños
y ganó una tierra baldía
donde aún siembra 
la noche de su nombre
el olvidado?


*          *          *


creció en la incentivación 
constante del hacer
¡con cuánto esfuerzo y exigencia 
sobrellevaba mes a mes
la laxitud de su regla!
recién al doblar los cuarenta
descubrió con verdadero asombro
que la suavidad periódica 
-don de lo blando- 
al disolver trincheras
abría las puertas 
e hipnoptizaba candados
sólo entonces 
acertaba sin dudar
en el meollo del enigma

cuánto pagar hasta comprender
el poder del no poder

¡ah! el privilegio de los años



  




Graciela Perosio. Poeta argentina. Nació en Buenos Aires, en 1950. Se graduó en la Facultad de Historia y Letras de la Universidad de Salvador en 1972. 
Ha publicado nueve libros de poemas: 
Del luminoso error, 
Brechas del muro, 
La varita del mago,
 La vida espera, 
La entrada secreta, 
Regreso a la fuente, 
Sin andarivel, 
Balandro y El privilegio de los años.



Fotografías tomadas por Natalia Leiderman en la presentación del libro











En la presentación del libro .
 De izq. a der.  : Liliana Ponce, V. Perez Arango ,
Graciela Perosio y la editora Claudia Schvartz











  







miércoles, 15 de agosto de 2012

GRACIELA PEROSIO

GRACIELA PEROSIO



Busco a Laura en la guardería por primera vez




Las estructuras del cochecito se arquean hacia arriba
como una cornamenta en diagonal,
como quebrada media luna.
Mis manos se cierran en las curvas y empujo.
Laura, mi nieta de siete meses, se yergue curiosa
atisbando todo, para un lado, para el otro, para arriba, para atrás.
Quisiera dar la vuelta completa.
¡Ojos en la espalda! Ver debajo de las ruedas.
¿Qué es ese crash, crash? Me mira interrogante.
Las hojas del otoño, Lauri.
El atavío amarillo de los fresnos de abril.
Veredas desparejas, están muy rotas en ciertos pasajes.
El Boulevard Lidoro Quinteros, Beatriz y yo
caminamos con mamá, a veces a saltitos,
hasta River cuando nos habían seleccionado para competir
en natación y el Profesor Passar nos entrenaba.
No ha cambiado mucho el barrio.
Muchas flores, palmeras enanas, yucas verdinegras
Calles curvas, casas bajas.
Ahora, más madera que piedra
-modas de la arquitectura-.
Vuelven tantas caminatas y la sensación de calor
porque era verano, pero el cielo azul, azul,
igual que en esta tarde otoñal.
Sin darme cuenta sigo por Victorino de la Plaza
(que es redonda como el mundo.)
El bamboleo del cochecito ha ido adormeciendo a la bebé
que sonríe y suspira hondo cuando
el bache resulta un poco más profundo.
De repente, veo que me fui alejando
de los edificios altos de Libertador
hacia donde “debería” haberme dirigido.
Y delante de mí, también redondo, espléndido (como el mundo),
aún enorme aunque yo he crecido: el Monumental,
la cancha donde vi entrenar a Corbata
y atajar penales a Amadeo Carrizo.
¿Acaso aún entreno para una gran carrera, Profesor Passar?
Doblo y abandono la Figueroa Alcorta
retomando el “camino correcto”,
las manos fírmes empuñan los mangos del cochecito:
“Hay que tomar el toro por las astas”, dicen en mi ciudad.
Ponerle el cuerpo a los obstáculos y arremeter con todo.
Siempre tomé la vida por los cuernos (marcas de una generación)
Y con la vida por las astas, Lauri, allá voy
Como yo misma ¿sabés?
hasta el final,
hasta tu sueño.

                                                     Graciela Perosio