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martes, 7 de julio de 2020

Si fuese un río.../ Soledad Fariña responde.../ Río Mapocho, Chile

Octavo Boulevard pregunta: Si fueses un río del mundo...¿cuál serías? y ¿por qué?
           Soledad Fariña responde:


Soy el Mapocho

Mucho antes que los incas depositaran al niño dormido en un hueco de su cumbre, yo estaba corriendo peña abajo. Nací aquí, en el inmenso cerro El Plomo.
La cosecha había sido mala y ellos tenían que ofrecer un niño al Apu.
El Plomo, mi padre, es un  monte sagrado, un Apu y abrazado a sus hermanas forman una cadena montañosa que llaman Yerba Loca.  
Mi nombre, Mapocho, lo tomo en el lugar donde se juntan los ríos San Francisco y Molina.  Algunos dicen que Mapocho viene de  maipuche, “gente que cultiva la tierra”.  Otros, con más razón tal vez, dicen que significa “río que desaparece”.
 Son muchos  años en que  salto  peña abajo queriendo alcanzar el valle. Así, voy bajando por Farellones, Corral quemado,  el Arrayán, pero al llegar a  Las Condes ya soy un río de valle.
En Las Condes veo las casuchas que levantan los ripieros en mi orilla. Húmedas, débiles, a la menor lluvia se anegan.  También veo sus carretelas, sus caballos escuálidos con que transportan el ripio.  Y si levanto mi espuma –mis ojos- al sur de las casuchas
alcanzo a ver las ostentosas torres  que han construido  los hombres de negocios.
Puentes antiguos, puentes nuevos atraviesan por sobre mis cinturas:
Pedro de Valdivia Norte / Puente del  Arzobispo / Pío Nono / Puente del Teatro /
Puente Purísima /  Puente Loreto / Patronato
En uno de mis muros, -cerca del puente Pío Nono,  cuando el parque rebozaba
de jóvenes, banderas y cantos en Octubre-, escribió una estudiante

Papá, no me esperes, estoy haciendo la revolución.  

Mi agua es imparcial, ella fluye, baja, corre.
Yo no, a mí me llenaron de esperanza esos gritos pintados en mi orilla.
Así como el 73 lloré y  retraje mis aguas para no tener que soportar
sobre mí los cadáveres.
Cercanos al Puente Bulnes, algunos llegaban a la mi orilla,
otros quedaban atascados en las compuertas cerca del cementerio. 

Tantos, tantos, donde antes crecían los chaguales, quiscos,
peumos, maitenes. Ahora ahí, flotando en mi corriente o tirados.
La gente los mira desde el puente y llora. No lo pueden creer:
viejos, jóvenes, mujeres, niños, cercenados, fusilados.

Y yo corro, corro, mi agua impasible baña los cuerpos y yo lloro,
mi espuma llora.
Pero sigo y recibo las aguas del Zanjón de la Aguada que viene del oriente
y baja atravesando los poblados más pobres de Santiago. Con  basura y desechos,  el Zanjón esa vez también  trajo cadáveres.

Pero miren esta foto.
Fue tomada hace dos años luego de una noche de lluvia torrencial.
El sol de la tarde iluminó la cordillera nevada y ese  gran paredón, que nos separa de todo,  por un momento  dio a mis aguas un reflejo dorado.  Me veo hermoso en esa imagen de postal. Yo sé que así querrían verme siempre: atravesando la ciudad calmo, limpio.

Pero eso no es verdad, esa es solo una foto.  Yo no soy ese río.

Antes de vaciar mis  aguas en el Maipo, recojo las historias cotidianas
de la gente que vive en mis orillas:   niños, vagabundos, locos,      
ánimas de suicidas.  

Ellas, las historias, se han quedado aquí,  mudas. Desde siempre las escondo en mis aguas, que en este valle son cada vez más densas. Cada vez más oscuras.  Cada vez más lejanas de mis rápidos saltos desde la cumbre del Plomo, donde mi padre solo guarda el recuerdo de ese niño reclinado en su manta.

Él ya no cuida el Valle, él le fue arrebatado y hoy duerme en una  árida y oscura pieza de museo.

Soledad Fariña - Junio, 2020



Soledad Fariña
Nací en Antofagasta, Chile, en diciembre de 1943, pero he vivido principalmente en Santiago.  Al finalizar la secundaria, entre 1962 y 1973  trabajé en la Empresa Nacional de Electricidad,  y a la vez estudié Ciencias Políticas y Administrativas en la Universidad de Chile. En 1973, luego del golpe militar, me exilié en Suecia con  mi marido e hijos donde trabajé y estudié Filosofía y Humanidades en la Universidad de Estocolmo. De vuelta en  Chile, junto con trabajar estudié los diplomados de Ciencias de la Religión y Cultura Árabe en la Universidad de Chile. Finalmente hice un Magíster en Literatura en la misma Universidad.

Entre mis publicaciones de poesía están: El primer libro, Santiago,1985; Buenos aires, 1991; Albricia, Santiago, 1988; 2010;  En amarillo oscuro, Santiago, 1994; Narciso y los árboles, Santiago, 2001; La vocal de la tierra, Santiago, 1999Madrid 2007;  Tuxtla, Chiapas, 2019;  Donde comienza el aire, Santiago, 2006; Se dicen palabras al oído, Madrid, 2007; Todo está vivo y es inmundo, Santiago, 2010; Ahora, mientras danzamos, Santiago, 2012; Yllu, Santiago2015; “1985”, Santiago2016; El primer libro y otros poemas, Santiago2016; Pide la lengua, antología, Santiago, 2017.  En 1999 se publicó en Santiago el volumen de cuentos Otro cuento de pájaros.

Entre 1991 y 1994 fui co-fundadora, productora y conductora de programas de literatura  en Radio Tierra, proyecto comunicacional feminista.

He dado clases de literatura y literatura infantil en la Universidad de Chile. Dirigí talleres de Escritura Creativa en las Universidades Diego Portales, Finis Terrae y Universidad Mayor.  Coordiné  talleres de lectura y escritura creativa para niños en diversas escuelas y diferentes ciudades en Chile y Latinoamérica.  He asistido a numerosos Encuentros y Festivales de poesía en Chile en las ciudades de Santiago, Valdivia, Antofagasta, entre otras. Participé en el Festival de poesía de Medellín, Feria del Libro de Guadalajara, Feria del libro de Buenos Aires, Guayaquil, Quito, Ciudad de México, Chiapas, entre otros.

En 2006 recibí la beca de la Fundación J.S. Guggenheim; en 2007 fui nominada al Premio Altazor y en 2018 recibí el Premio por Trayectoria de la Fundación Neruda. 





Río Mapocho
Ph Soledad Fariña

lunes, 8 de junio de 2020

Si fuese un río.../ Ezequiel Wolf responde.../

Octavo Boulevard pregunta: Si fueses un río del mundo...¿cuál serías? y ¿por qué?
           Ezequiel Wolf responde:

Si yo fuese un río cuál sería…
Pienso y me miro al espejo, y veo un hilo fino que surca grietas del olvido y sonrío.
Me digo con voz alzada pero sin sonido que si fuera un río, sería uno que al fin sea lo que pasa y lo que nos pasa. Uno que arrulle lo que cada tanto nos toca, y nos provoca, y nos trastoca.

Si yo fuese un río sería un río fresco serpenteando bocas, un río vivo y orgánico como un vino. Intermitente e impreciso, (dis)funcional a mí mismo. Un río frac-tura-ble y di-se cable, un río sorpresivo.

Si yo fuera un río sería uno festivo y camaleónico, por momentos convulso y confundido. Un río de corrientes a veces tersas y revueltas. Un río que su superficie, desde lejos, luzca de aguas negras.

Si fuese un río sería uno que, a veces, se aquieta y que en sus orillas reseca algunas historias en la tierra y que borronea las huellas antes de hundirse del todo a los humedales, y por eso sus costas se embarran, y agrietan cuando gotas rebrotan sus partes secas y conectan con otras aguas quietas.

Si fuera un río sería uno en el que puedan bañarse con heridas aún abiertas porque no arderían ni de más ni de menos. Un río en el que el placer de caminar desde los bordes palpe con los pies, y los dedos hagan juego con el suelo removiendo deseos quietos, y las manos se hundan en el barro amarronado de los años, y sin embargo barrerlo sea también barrenarlo, drenando algunos duelos.

Si fuese un río sería uno en el que navegar fuese como hacer burbujas con la respiración de o el aliento de los labios.


Si fuera un río sería uno que apoye donde la cabeza, en cualquier suelo, sepa que a pesar de todo siempre desemboca en el Río Paraná. 







Ezequiel Wolf nació en Baires, en 1985. Es un palabrista, radiohablante y militante del Caféconleche que todavía escribe a mano. Publicó la novela Retazos en la casa del viento (2009) y varios poemas editados en antologías. En 2019 publicó su poemario Mientras tanto (Indómita Luz). Actualmente se encuentra becado en Hungría estudiando Filología española y Lenguas Romances en la Universidad de Szeged, mientras trabaja en sus próximos dos libros: Textuales2020 y Sobre20canciones21ajenas.

https://www.facebook.com/WolfEzequiel

https://www.youtube.com/user/ezewolf 

@pedrito.miller




Fotógrafías de
Juliana Mandolesi
@lapoesiaviva

https://www.instagram.com/julimandole/

 




Ph Juliana Mandolesi




Ph Juliana Mandolesi

lunes, 1 de junio de 2020

Si fuese un río.../ Edgar Vidaurre responde dialogando con "El río hondo, aquí" de Elizabeth Schön

Octavo Boulevard pregunta: Si fueses un río del mundo...¿cuál serías? y ¿por qué?
           Edgar Vidaurre responde:



Si yo fuera río.

El Río es todo y todos somos un río. Yo tengo un río dentro de mi, y a la vez muchos ríos confluyen en mi adentro. Todo es el río y el río lo contiene todo. Esta epifanía, esta verdad, está contenida en el libro "El Río hondo, aquí" de Elizabeth Schön...He aquí entonces la crónica anímica de dicha epifanía.




Del río hondo aquí



“El gran Tao es río que se divide para volver luego a juntarse
Se divide de izquierda a derecha
Los diez mil seres viven de Él y Él a nadie se niega
Obra y no pregona su obra
Viste y nutre los diez mil seres y no se enseñorea de ellos
Su perpetua falta de ambición lo hace parecer pequeño
Pero al no enseñorearse de ellos, los diez mil seres vuelven a Él y se hace grande”.
 Capítulo 34 del Tao Te Ching


           
Yo estoy aquí, en el borde. Cierro los ojos y las puertas para empezar a ver la hondura del río, su profundidad oscuramente luminosa y secreta. Mas, ¿cómo conocer su rostro en este aquí, cómo saber si ese presentido rostro es el de ella –su esencia-, cuándo aún no alcanzo a tocar su centro oscuro, primigenio, de necesidad y empuje?, ¿cómo penetrar en su cuerpo doble de aguas fluidas que son y no son, que expresan toda la posibilidad universal y al mismo tiempo el flujo y reflujo de las formas?. Quién es este río que en su hondura contiene de manera co-idéntica la fuerza abstracta y la fuerza conformante, la materia pura y la materia visible, la energía y la forma, lo intemporal y aquello que viaja con el tiempo, y a ella que con su aliento vital penetra al mundo con su infinita alternancia?. Y dónde está, dónde comienza y termina este río?. Aguas que corren hacia todos los horizontes posibles e imposibles abajo, e igualmente río arriba con sus aguas purificadoras que caen, aguas cambiantes, claras, turbias, sin perfiles, anchas, iridiscentes, arremansadas hacia lo permanente. Pero es aquí, ahora, sobre ese mismo río, donde las pupilas entran para cerrarse… y descubrir.

Y descubrimos a Ulises, lanzando sus anclas hacia lo más hondo de las aguas y a sus proas iluminadas por el tejido cósmico de Andrómeda, la tejedora de arriba, la que gira mostrándole el camino, haciéndole la piel combatiente. Símbolo de un hombre que con su fuerza de hombre trata de remontar la fuerza más allá del río –la fuerza del río está en su hondura-, perdiendo el cuenco para ser arrastrado por las aguas. Luego, la pérdida de las aguas será sustituida por el amor y la del amor por la mirada. Comprender con el alma mirando al río que es un árbol y una vez perdido todo, iniciar la Gran Búsqueda: la renuncia de las flores, por el corazón del primer fruto. Fruto que por contener la semilla, porta también en su centro la abundancia desbordada de los orígenes.

Decido entonces desde aquí, zambullirme en el río, olvidar la otra orilla, la ribera opuesta. Para hacerlo, mojo primero las manos en sus aguas y escojo el lugar arremansado donde nacen las espumas, posando el pie en el primer peldaño de las aguas, de la corriente, hacia el principio, hacia el Ser, o ese árbol que de tantos frutos se va inclinando hasta rozar las aguas.


Peldaño este, bullicioso, más suave y limpio… amor de las aguas dejando a la raíz llegar al fruto hasta alcanzar los cielos, doblemente cielos grandes, pequeños… fruto este que al descender, arrastra el rastro del origen. Y yo,  el zambullidor, abro entonces los ojos a la hondura dejándome arrastrar por el blanco levantamiento de la corriente… y hay tanta inmensidad para decir que algo se alcanzó. Una cáscara se abre donde la corriente va y la raíz empieza. Empiezo el ascenso, abriendo también esta otra puerta dispuesta a abrirse sin más prisa que la que se pone al amar y seguir, para escalar el río. Pisar con el alma encendida cada peldaño de él, que siempre es igual a lo que nunca concluye… y el peldaño, salto de agua, espacio, irrupción, pie y empuje en amor de hombre y ala, entendiendo que si se quiere tocar la hondura primaria del principio, es imprescindible el vínculo entre los empujes acuáticos, yendo, retornando y la piel blancamente dócil de toda pulpa, límite o corazón de alma.

Y esto es lo que los ojos miraron: Primero la hondura, un eterno umbral sin nombre, lo invisible, lo inmutable, una oscura-luminosa-soledad en calma perpetua, el abismo, el vacío, la oquedad, la nada. Pero, ¿qué es lo que hace irrumpir este fluir de la vida y de la muerte? Qué desdoblamiento es este que penetra la existencia con su doble hilo oro-azul, este anverso y su reverso, este ascenso y descenso. El amor supremo es como el agua, como el río y en su centro ella con su vientre lleno de realidades. Y he aquí que el río pierde su alta trascendencia y se hace inmanente al mundo, al hombre, carne de su carne y hueso de sus huesos. El río es también entonces la madre, la madre del mundo, la hembra misteriosa. Este río que se entrega, se abre, se divide de izquierda a derecha en infinitos arroyos que volverán de nuevo y siempre al cause materno.

El río es la vida de los seres como “El verbo que es vida y luz para todo hombre que ha venido al mundo”. Mas no el verbo de San Juan que es revelado por un Dios trascendente, inasible, innombrable, inalcanzable. No ha sido el hombre quien desprendido de su cuerpo, de su aquí, de su ahora, inicie el vuelo para que su alma y sólo su alma se una con lo trascendente del ser, más allá de su entendimiento, de lo explicable. Es el río quien ha renunciado a la absoluta quietud de su inalcanzable trascendencia, para venir al mundo y aflorar en él, fluir con la vida, la existencia a través de la duración de esa vida, madurar y hacerse fruto para permanecer entre nosotros. El río es vida aquí, ahora. Vida cuya única revelación es aquello visible a la superficie, la fugacidad del relámpago, el tiempo de un fruto, la paciencia húmeda del secreto, la oscilación de un ir hacia el ocre rojo del retorno, la carga del fuego, la vendimia de rostros escarpados junto a miradas enterradas entre redes, radas y escalones desolados, la mudez de lo lejano, cercano, el esplendor de los pinos siempre en pos de un luego arriba y seguir, la sombra del peso, la carga de la paz, lo intemporal con su piel de agua, el viento, la lluvia y la espuma que riega plena de lo huidizo, entre el martillo del relámpago y el fruto que se va estableciendo.

La hondura del río aquí, en la espuma de su orilla. Fue entonces cuando vi también con mi cuerpo, a lo fértil de lo pasajero hacerse campo de raíces permanentes y al torrente del río que nunca se separa, dejar a la raíz regresar a través del fruto para alcanzar mis labios. Y si me tocara describir la permanencia, diría como la poeta: “Línea de lenta paciencia… rostro, huella, pálpitos cargándose sobre los hombros neblinosos del río… corriente que asoma en los espejos de las aguas, un rostro que llega y un aroma que si se desprende sigue inundándonos… suceso inalterable si las capas encendidas del corazón, permanecen en los centros abismales de la soledad”.

Pero, ¿cómo tocar desde aquí, desde esta plena y fluida fugacidad, el corazón de lo permanente?. El niño pregunta, la mujer contesta. El peldaño entonces se colma. He aquí a lo inefable. Lo inefable de azul-oro del relámpago, tendido, insisto, inviolable. La hoja solitaria, las espumas y entre ambas la corriente que no deja perecer a la raíz: vinculación inefable del río con la muerte… lo inefable vivo en la claridad de lo oscuro… junto al río con semblante de jamás separarse. Lazo inaprensible que no tiene forma ni nunca hace sombra. Vuelvo entonces a cerrar los ojos, y es mi alma la que se abre e inclina hacia el principio, conociendo así lo inexpresable: “esencia y existencia de la realidad absoluta”Es mi propia ella quien mira que en el espejo de las aguas arremansadas a la ella del río, estableciéndose entre ambas una unidad de vida. Así, me despojo de la realidad toda –lo oscuro y lo visible- pero no para que la realidad sea eliminada sino más bien iluminada, transfigurada por el corazón de ese fruto que trae consigo todo lo indecible, lejos de la razón, de la mirada. Mas en este aquí, en este ahora, en este cuerpo, en esta mano del hombre que sostiene y se lleva a la boca deseosa el árbol todo con el fruto, también hallamos lo inefable. Es la realidad en su conjunto, presente aquí, en todo su esplendor ante nosotros, sin necesidad de expresarse ni de explicarse, absoluta pero fluida, mostrándose a sí misma y mostrándonos que lo permanente y lo fugaz son un mismo y maravilloso suceso. Cuerpo y alma unidos al río, envueltos ya apasionadamente en los motivos del amor, en los motivos del vuelo.

San Juan de la Cruz nos decía: “Que cuando las cosas divinas son en sí más claras y manifiestas, tanto más son al alma de oscuras y ocultas; así como la luz cuanto más clara es, tanto más ciega y oscurece la pupila”… Por su parte, Bergson nos dice que lo inefable es ese continuo religarse de Dios con el mundo, bajo un fluido vital que perpetuamente continúa el empuje creador de la vida, por el amor a lo creado. Pero la poeta nos enseña que lo inefable, también aquí, en lo inmanente, en la duración de su manifestación existencial, se muestra a sí mismo y no necesita expresarse. Entonces aquello que no puede ser expresado, encuentra su virtud más verdadera en el silencio.

La extensión del alma es el silencio. Silencio intacto tan necesario para la conciliación de los dobleces. Silencio que nunca se contempla por permanecer ligado a lo siempre puro y completo del Ser. Y en este blanco silencio, el río ya no me habla de retornos. Unido a él por la constante pasión de la raíz, encuentro la paz, el remanso iluminado. Lo cóncavo aquí, ahora, en mi propia duración, y en reciprocidad, mi mano generosa que se alarga para entregarle en el final del viaje, todo cuanto traje de voz, de cuerpo y de deseo. Así nunca se separa la vida del río. Es entonces cuando el río se vuelve casa para el hombre y el hombre casa para el río. Casa, donde el amor hace cálidas las paredes… la mujer, su voz, su siembra de uvas, su dolor de corrientes, sus senos de cuencas, caminos. Y en los cabos del silencio, la epifanía del mundo a través de la palabra que se hace cuenco de río, casa compartida que se alarga en su entrega, pues es ella quien le atribuye su estructura con un poder que va más allá de lo descriptivo. El mundo como contexto de la manifestación absoluta de la realidad, y el hombre que a través de la palabra se hace trascendente para así corresponder a la inmanencia amorosa de ese Ser, de ese río: La palabra es la casa del Ser. La salvación nos llega entonces desde allí: en el río con la ribera de tu casa. Luego, los hilos empiezan lo asombroso.

Un solo hilo doble. El hilo oro de la casa en el hilo azul de los buscadores, entretejiendo a la hondura de allá, con la luz madurada del sol en el corazón de las manzanas. Hilo de la hoja, del sueño, de la piel, de lo débil, de lo dulce. Hilo del ave, del vacío móvil de los valles. Hilo de la sangre, de la luz y el hilo de los hombres entre las casas, las penumbras y una laja blanca en el amanecer. Hacia dentro y hacia fuera, para que prosiga el goce de la vida, los espacios íntimos de la voz en canto-sol-libre.

Lanzo mi voz en canto-sol-libre como una red sobre las aguas extendidas del río. Voz entretejida a la voz de una mujer que me mira también con el azul oro del río, junto a las aguas claras que arropan el balcón de la casa, de esta casa blanca. Solo una mujer anudando los hilos de lo inmanente y lo trascendente de un tejido inefable para que el hombre lo vea. Canto de regocijo al entender lo inexpresable también aquí, ahora: La raíz y el fruto unidos por el deseo de mi boca.

En el fondo de la red esta visión: El río puro y completo, río este, nuestro, hondo, que da la casa, el pan, el agua: prolongación de redes. Únicamente él dejando ser y el sendero del viaje de un hombre para anclar y alcanzar los hilos indetenibles tejidos por la siempre ella. Callada cruz de las aguas donde los hilos se ensartan a la voz, al corazón y a cada hombre del río hondo aquí, nuestro: Ser.




NOTAS :
"El río hondo, aquí" es un libro de poemas que Elizabeth Schön publicó en el año 2000, casi a sus 80 años.

Elizabeth Schön nació en Caracas en 1921 y murió en el 2007.
En 1953 publicó su primer libro.
Poeta, dramaturga y ensayista. En 1994 recibió el Premio Nacional de Literatura.

El libro " El río hondo, aquí"  completo aquí ,en PDF, editado por edit. Diosa Blanca, pueden leerlo siguiendo los enlaces :





 Edgar Vidaurre, nació en Caracas el 5 de diciembre de 1953, abogado, pianista, escritor y licenciado en filosofía. Integrante de los talleres del poeta Alfredo Silva Estrada y de los talleres libres con las poetisas Elizabeth Schön e Ida Gramcko. En el año 2006 obtiene el diplomado en teología de la Universidad Monteávila de Caracas.
Autor de los libros de poesía:
- La resurrección de los frutos (1993)
- Poemas de la tierra (1995)
- La fugitiva (1996)
- La séptima Rosa (1996)
- El lugar más sosegado de la tierra (1997)
- Panayía (1998-1999)
- El lamento de Ariadna (2002-2004)
- Diario de un Piano Abierto (2006-2019)
- El diario de Kabir (2008)
- El pié de la doncella (2013)
- Al este de la melancolía (2018)
- La ciudad de Awan (2018)
Desde el año de 1989, es colaborador y coeditor de la Editorial Vertiente Continua del Poeta Alfredo Silva Estrada, y director fundador del Fondo Editorial Diosa Blanca. Profesor y conferencista del Centro De Estudios Junguianos de Caracas. Profesor de literatura hebrea e inglesa en la Universidad Metropolitana de Caracas. Actualmente Presidente de Círculo de Escritores de Venezuela




Elizabeth Schön fotografíada por su esposo, el pionero de la radiodifusión venezolana, Alfredo Cortina



viernes, 29 de mayo de 2020

Si fuese un río.../ Juan Jesús Hernández López responde.../ Guiniguada. Gran Canaria. Barrancos, hondonadas profundas y serpenteantes.

  Si yo fuese un río no sabría serlo. Aquí no hay ríos que lleguen a este mar omnipresente que acapara todas las postales en las tiendas de suvenires. En su lugar hay barrancos, hondonadas profundas y serpenteantes, como la garganta que pronuncia los versos torcidos de un poema extinto con una dicción soberbia e irrespetuosa, ahí sí, como un río. Al barranco llegan otros más pequeños, afluentes que lo alimentan de una sequedad agreste pero olorosa, también lo surten de reptiles antediluvianos y aulagas; de estas últimas dijo Unamuno: "La aulaga sí que tiene estilo; la aulaga, y no esas plantas de jardín, criadas a fuerza de abonos, esas pobres plantas enriquecidas por la civilización, esas presuntuosas plantas civilizadas".
    Si yo fuese río-barranco sería el Guiniguada del invierno de 1926, cuando una avenida (en su primera acepción, según la RAE) amenazó con arrasar el Puente de Palo, evento que, a buen seguro, hubiera impedido a mi padre cruzarlo en 1955 para comprar su primer cortaúñas.
    Si yo fuese río-río sería el Nilo... o el Éufrates; porque quien no puede ser río por no saber serlo, más allá de la imposibilidad, puede impeler la existencia a través de la elección (siempre hay algo volitivo en el camino hacia el ser), y, ya disponiendo, en este, mi pellejo, de la querencia árida y espinosa de la aulaga, elegiría anegar la húmeda civilidad de una erección en alguna orilla de un tal Egipto... o una tal Babilonia.




 Juan Jesús Hernández López. Nació en Reading (Inglaterra) en 1970. Vive en Gran Canaria desde 1977. No estudió filología ni filosofía, así que no está claro por qué carajo escribe. No lo conoce nadie, salvo Alicia Gallegos y diez no, nueve personas más. Ganador del XXIII Premio de poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria 2019 con Como el que monta una ferretería en el centro del Sáhara; ganador del Premio de Poesía "Pedro García Cabrera" CajaCanarias 2019 con Un taxidermista entre jirafas.







https://images.app.goo.gl/hj79PDw1m55RWzKd9

https://images.app.goo.gl/42fF7QcRRmzNsvLC7





VIDEOS ILUSTRATIVOS enviados por JJHL

https://youtu.be/jFPZ6uc7L3A ( vídeo documental de 1950, ilustra el concepto de Barranco- Hondonada. Torrencial lluvia produjo inundación)

https://youtu.be/_JM8EO08yz4 (video documental de 1966, ilustra el concepto de Barranco- Hondonada o Bajo)

https://youtu.be/p3G7DfF5yac ( Lagarto de Gran Canaria, vídeo casero, dinámico, divertido, para conocer de cerca a éstos animalitos)

Si fuese un río.../ María Mascheroni responde.../ Río Chavascate, Córdoba, Argentina

Octavo Boulevard pregunta: Si fueses un río del mundo...¿cuál serías? y ¿por qué?
           María Mascheroni  responde:


un río si fuese un río, la invitación a pensar a imaginarse río es tan fuerte que comienza a correr un río ante mis ojos
la invitación abre un portal   desde mi lugar de aislamiento a un mundo, no el mundo humano, uno como agua que corre bajando de la montaña, de la sierra o atravesando urgente las pampas hacia el mar
el rumor   la música del agua ya no se aquietará
la invitación entra de lleno en mis recuerdos de río, río a la vera, río rodea la piel, río oscuro, corriente traicionera, río cristal, canto rodado por su fuerza, río manso en la superficie, río cascada, río salvaje retumba en desfiladero, río de pez que salta y regresa a pique al agua brillante en esa mañana, río de canoas, de remo, río de amor río rumoroso, río nostalgia de otro río
mi cuerpo salta de un recuerdo a una materia río   de un cauce serpenteado a una corriente imparable   veloz

pero la invitación quiere un río del mundo, un nombre, un por qué  
y el mundo de tan grande adquiere las proporciones más ceñidas a la vida que llevé   a la que llevo  y urubamba  uruguay  azul  durazno  carapachay cosquín  paraná  paranacito
juspe  limay  salado  agua de oro

viví hace tiempo unos meses a la vera de un río serrano, uno de los muros de la casa mediaba con sus aguas   ese río -el que hoy sería- lleva tres nombres: Chavascate, Agua de oro, San Vicente, y alimenta tres poblaciones: Cerro Azul, El manzano y Agua de oro   sus pobladores luchan por la pureza de sus aguas cristalinas y sus suelos, lo que es idéntico a luchar por sus vidas   su caudal fluye aún en la estación seca, su lecho de sílex y arenisca da reflejos dorados
río de saltos, piedra, ollas donde sumergirse, cascadas y en verano crecientes peligrosas

nace en Candonga, en el corazón de las sierras chicas cordobesas, un lugareño cuando le preguntaban por el lugar donde nacían sus aguas extendía un brazo señalando hacia sus vertientes y decía “ a doce kilómetros a vuelo de pájaro   o a diez y ocho si es a paso de hombre”
a vuelo de pájaro entonces cuando cierro mis ojos en busca de sosiego llego a recorrer la orilla del Chavascate, me siento en una gran piedra de un recodo, mi piel recupera el aire de su espíritu, bebo en el cuenco de mis manos el agua de oro y mojo mis pies en el agua fría,   
escucho el agua correr





María Mascheroni,  nació en octubre de 1958 en la ciudad de Buenos Aires. Poeta, psicoanalista, editora.
Publicó: La inevitable curva ( 1997); Impaciencia de la sed ( 2001); Jardín (2004);
El cansancio de los hijos (2011) que recibió el Segundo Premio Municipal;
Hierba sobre el mundo castigado-Colectivo poético involuntario (2017) un trabajo junto a Teresa Arijón sobre poetas argentinos nacidos entre 1955 y 1965, publicado por Hilos editora.
Integra el Consejo editor de Hilos editora desde su fundación en 2010.
Su poesía puede encontrarse en antologías impresas y en revistas y blogs virtuales.
Coordina los talleres de investigación e intervención poética Martes intenso.





http://www.albergueserrano.com.ar/




martes, 26 de mayo de 2020

Si fuese un río.../ Jeanne Karen responde.../ Río Ayutla, México

Octavo Boulevard pregunta: Si fueses un río del mundo...¿cuál serías? y ¿por qué?
           Jeanne Karen  responde:


Si fuera un río del mundo, sería del que llevo las aguas, el río de Ayutla ubicado en la Sierra Gorda de Querétaro, casi en el corazón de México. Su torrente viene arrastrándome desde la infancia para que un día me desboque.
Aparece a menudo en mis sueños ese cuerpo turquesa encabritado y me deja otra vez el sol blanco y lejanísimo como un espejo, de nuevo soy la niña rota, aventada a la orilla, besando una enorme piedra, porque quedé atrapada por un remolino que me arrojó en la escarpada orilla, el agua se enfurece cuando se encuentra con el río Santa María, oscuro, arenoso y templado, por las características de ambos sus aguas no pueden mezclarse, fluyen juntos, pero no se abrazan, se ve claramente la diferencia entre los dos, el color azul profundo del Ayutla y el color café claro del Santa María, es un espectáculo único, difícil de no notar, de no sentirse atraído por esas violentas aguas, hay un rumor que llama.
El río de Ayutla no es el más caudaloso, no es el más profundo, ni el más frío, pero en mi mente cala en la hondura, mi pecho permanece helado de tanto perderme entre sus aguas. Hay que llegar al sitio llamado Adjuntas, caminar sobre el puente y admirar la belleza del paisaje, de lejos se ven los turistas, los puestos de comida, los pequeños autos, pero lo que más sorprende es la terquedad del río de Ayutla, tan azul, tan absurdo, tan hermoso, tallando sus piedras oscuras, haciendo pozas y caídas de agua, va en busca de otro río, el enorme y terrible Pánuco, para después perderse en el Golfo de México. Mi río, el Ayutla, es la representación de mi vida, de mi oscuridad y de luz, de ruido inmisericorde y a veces de un silencio que lo devora todo.



Jeanne Karen (San Luis Potosí, México, mayo de 1975)
Tiene diez libros publicados, entre ellos: El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018)
Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón y el Salvador Gallardo Dávalos.
Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela.


 
Unión del Ayutla con el Santa María

domingo, 24 de mayo de 2020

Si fuese un río.../ Ana María Hurtado responde..../ Río Choroní, Venezuela

Octavo Boulevard pregunta: Si fueses un río del mundo...¿cuál serías? y ¿por qué?
           Ana María Hurtado  responde:


Si yo fuera río, me preguntas, como si ya no tuviese un río que me recorre, que hace de mí una criatura fluvial, fluyente, con cauces sinuosos y amplios deltas. Para ser río sólo tengo que sumergirme hacia el adentro buscando esas líneas de agua en mi cartografía.
Mi río es de montaña tropical rodeado de intrincadas trepadoras y gigantes helechos. Río de brumas,  que desciende a  veces rápido, otras, arremansado en ensenadas donde los niños juegan con los pechos abiertos como flores.  Soy ese río de grandes piedras lisas cubiertas de líquenes y musgos, que devuelven la luz en centelleos.  Río de manantiales caudalosos y aguas frías en cuya piel erizada cae la luz en filamentos, filtrada por las rendijas que se forman entre  los altos bambúes.
Me gusta ese delirio que me ciñe, el fondo lodoso donde asoman  guijarros de colores y peces asustados. Todo es luz temblorosa, alucinación desprevenida. Me gusta el bosque somnoliento que me alimenta de cantos y de prismas. Me encanta la soledad que brota en las esquinas y ese deseo de sal que empuja mis aguas hacia el mar. Mi hechura líquida se esmera en abrirse al aliento marino, como una novia traspasada de amores impacientes.
Ese es el río de Choroní, pueblo antiguo de mar en mi Caribe, el río donde un día en éxtasis vi danzar libélulas iridiscentes  como hadas, o viceversa;  mi río donde tantas veces fui feliz, inocente y joven. El río que inundó mis entrañas, que nutre mis raíces, que me devuelve a los inicios, al cuerpo sin fronteras, que me hace hondura sin distancia.  



Ana María Hurtado
   Nació en Caracas, Venezuela;  poeta, escritora, ensayista y médico psiquiatra egresada de la Universidad Central de Venezuela. Ha colaborado en diversas revistas y páginas literarias, de arte, poesía,  psicoanálisis y psicología profunda. Premio de narrativa Julio Garmendia (UCV).
   Autora de varios poemarios inéditos y de dos libros publicados: La fiesta de los náufragos (Editorial Diosa Blanca, 2015) y El beso del arcángel, en coautoría con el poeta colombiano Leonardo Torres (Oscar Todtmann Editores 2018)




Ph Miguel Herrera, fotógrafo venezolano

sábado, 14 de marzo de 2020

Si fuese un río... / INÉS ARÁOZ responde

Octavo Boulevard pregunta : Si fueses un río del mundo ¿Cuál serías ? ¿Por qué?
Inés Aráoz responde:

-Dniéper! En Ucrania se llama Dnipró.
- Porque no tiene principio ni fin,  como el desierto.
- Al Dniéper lo conocí en Gogol.

-           (“Maravilloso  Dniéper en la calma, cuando airoso y sin turbulencias, lleva a través de bosques y de montañas la plenitud de sus aguas. No brama; no se agita. Lo miras y no sabes si viene o si no viene su correntada magnífica. Y parece hecho de vidrio y parece un azulado y espejado camino. Sin medida a lo ancho, a lo largo sin fin, cava y se enreda en el verde mundo. Encanta cuando el sol ardiente en él se mira desde lo alto y hunde sus rayos en las frescas aguas cristalinas y los bosques de la ribera claramente en ellas se reflejan. ¡Verde melena! Con las flores del campo se entreveran e inclinándose en las aguas se miran y no cesan de mirarse. Y no dejan de admirarse de su claridad. Y le sonríen y lo saludan moviendo las ramas. Pero no osarían mirar el corazón del Dniéper; nadie, salvo el sol y el celeste cielo, osaría mirarlo. Raras son las aves que se aventuran hasta su centro. ¡Suntuoso! No existe un río igual en el mundo. Maravilloso Dniéper en las cálidas noches del verano, cuando todo duerme: el hombre, el animal y el pájaro. Y solamente Dios pasea con majestad la mirada por el cielo y por la tierra y con majestad sacude su manto. Y del manto se derraman las estrellas y centellean e iluminan el mundo entero y todas a la vez en el Dniéper se reflejan. A todas las acoge el Dniéper en su cauce tibio. Ni una huirá de él. A menos que se apague en el cielo. El bosque negro, guarecidos los cuervos dormidos y las antiguas montañas partidas, colgando sobre sus quebradas, se esfuerzan en taparlo con su larga sombra ¡en vano!. Nada hay en el mundo que pueda ocultar al Dniéper. Azul, azul,  fluye mansamente caudaloso y durante la noche, acaso fuera el día, hasta muy lejos se lo ve, tanto como el ojo humano pueda ver. Tierno y muy apretado contra la orilla en el frío nocturno, enciende sobre ella un borbotón de plata que refulge como un sable de Damasco. Y él, azul de nuevo, se duerme. También entonces el Dniéper es maravilloso. Y no hay río igual en el mundo. Pero cuando las nubes por el cielo azul encabalgadas van hacia las montañas, el bosque negro se estremece hasta la raíz, los robles crujen y los relámpagos, zigzagueando entre las nubes, de pronto iluminan el mundo entero, entonces, sí, el Dniéper es pavoroso. Encrespadas las aguas, retumban y se golpean contra los riscos y con brillos y gemidos retroceden y lloran hasta inundarse. Así llora desconsoladamente la vieja madre del cosaco despidiendo a su hijo que se ha enrolado. Ebrio de  entusiasmo va él montado en su caballo negro con los brazos en jarra y el gorro echado hacia atrás; y ella, sollozando, corre detrás de él, agarrándolo del estribo, buscando la rienda, rompiéndose los brazos detrás de él y llora desesperadamente”. )  (Nicolás Gógol, EXTRAÑA VENGANZA, cap. X, fragmento. Traducción  del ruso: Inés Aráoz)*

-         - Después lo vi desde el avión 

-           (“Apenas lo vi - esperándome – desde el avión, sentí un tumulto en el pecho. Silencioso, contenido, la vertiente secreta de ese río crecía, se agitaba en mí como un poderoso corazón. Gógol, Biely, y más tarde los ruiseñores del verano en las playas tostadas del Dnipró, me hubieran conducido  en una navegación admirable, estoy segura, hasta la Yalta de Chéjov. Pero no fue así. Aún quedó latiendo, íntimo, el deseo del interminable Dniéper que es la Rusia.)*

-Efectivamente,  estando en Kíev con mi sobrina Florencia,  fuimos hasta el puerto con la intención de navegarlo pero el último barco ya había partido. Quedó pendiente.

·         *(AL FINAL DEL MUELLE, Inés Aráoz, Ed. Leviatán, Bs.As., 2016)
·         *(LA COMUNIDAD, Cuadernos de navegación, Inés Aráoz, Nuevohacer, Grupo Editor Latinoamericano, Bs.As., 2006)


Inés Aráoz, en la Casa-Barco,  marzo 11 de 2020




 si no viene su correntada magnSin mSin SinSSS





Inés Aráoz nació en San Miguel de Tucumán, Argentina, en 1945. 
Realizó estudios de lengua y literatura inglesa y de música en la Universidad Nacional de Tucumán. 
Ha publicado: 
La ecuación y la gracia, 1971; 
Ciudades, 1981 (mención del jurado del Premio Ricardo Jaimes Freyre, 1981); Mikrokosmos, 1985; 
Los intersticiales, 1986 (mención especial del jurado del Premio Nacional de Poesía 1984-1987); 
Ría, 1988 (tercer premio de la Fundación Argentina para la Poesía); 
Viaje de invierno, 1990; 
Las historias de Ría, 1993; 
Balada para Román Schechaj, 1997; 
La comunidad. Cuadernos de navegación, 2007; 
Echazón, 2008; 
Pero la piedra es piedra, 2009; 
Agüita, 2010; 
Notas, bocetos y fotogramas, 2011; 
Rojo torrente de fresas (traducciones del ruso de Anna Ajmátova y Marina Tsvjetáieva), 2012; 
Barcos y catedrales, 2012 ; 
Haré del silencio mi corona, 2013;

Todo estaba diseñado para que el caballo rozase apenas la montaña con su cola,(Edit. leviatán) 2019;
Otras lenguas. Fotografías de Mercedes Roffe y textos de Inés Aráoz ( Palabrava, Santa Fé) 2019;
En 2019 : Premio Literario de la Academia Argentina de Letras por su libro "Al final del muelle"
En 2020: La editorial de la Universidad Nacional de Tucumán publica  "En la Casa- Barco. Obra reunida", la edición contiene casi 50 años de escritura desde su primer libro, "La ecuación y la gracia" 1971 hasta "Al final del muelle" 2016