PLAZA DEL MERCADO
I
esperas de ti
un recuerdo
fumas ante las piedras
en otra parte
alguien se detiene
celebra el trabajo
la suciedad bajo las uñas
los cementerios blancos
que oscurecen la cúpula
los héroes del siglo
van a perderse
sobrevivirán los huesos
los niños que juegan
al final del ayuno
II
en un rincón hay humo
y por las calles del mercado
un viejo soba las cuentas
se intercambian trozos
de metal
te aferras al brazo del extraño
y regateas como quien bebe
pero añora otra sed
III
se han sentado a dialogar
bajo el calor
sobre la razón de las horas
la extensión de los minutos
el contrato divino con el tiempo
han reunido los pedruscos
del agravio
en un montón calcinado
y han callado
ante el paso de una nube
¿cuánto ha tardado
en surcar el cielo?
¿cuánto le llevará
convertirse en lluvia?
IV
memorizar las palabras
del ajeno al recuerdo
te han encomendado una tarea
cuyo fruto se te niega
y no es verdad
la verdad
el merecimiento del castigo
la insolencia del reclamo
V
hemos creído en la promesa
del que crea
tentaciones y deseos
y es elocuente
en la condena
hemos aceptado
el destino
pero hemos vuelto a la tierra
que ya no veremos
VI
cada movimiento establece un vínculo
con la quietud general
le da sentido
o la convierte en absurda
el vacío que los separa
es como el carbón
con que alimentas el fuego
humo
que es leyenda del árbol
la casa conquistada por el viento
la de los crímenes vengados
hasta convertirse
en medida de la vida
VII
era apenas el comienzo
la destilación del sueño:
al detenerse ante la última casa
se preguntó adónde ir
qué esperar
qué decir al que ha cruzado el río
para ver abrasada la ciudad
destruidas las murallas
todo sol y piedra
un sacrificio tras otro
VIII
se internó en el mercado
a la sombra de los toldos
entre el olor de las especias
y el brillo de la plata
avanzó entre rostros sin edad
mientras el mar se abría
a sus espaldas
y oía el piafar de los caballos
el rumor de los trenes
en las vías secundarias
IX
fingimos
lo convertimos todo en eterno
la alegría y el dolor
hasta llegar al centro del castigo
o la revuelta
al lugar donde se decide la batalla
X
sacaba piedras del pozo
convencido de que al morir
volvería a los patios
al jazmín que perfumaba ya
al doblar la esquina
pero enseguida comprendió
que al pensar en la muerte
nunca se piensa en morir
porque hay anhelos
que son como mástiles rotos
como esas piedras
que han reemplazado el agua
y cubren el fondo de algo
que alguien ha robado
después de partir
XI
la escarcha abre su piel al mediodía
irás al lugar
donde nadie te aguarda
se abren las puertas
todo se retrasa o se impone
el siglo se ha desmoronado sobre ti
te propones leer
una pregunta y otra
vestida de sabiduría
el tiempo arrecia
caen algunas gotas
deberías buscar
donde ponerte a salvo