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miércoles, 11 de diciembre de 2013

MATERIALISMO DIALECTICO Patricio Torne




PATRICIO TORNE

MATERIALISMO DIALECTICO









TEXTO DE IRENE GRUSS PARA LA PRESENTACIÓN DE MATERIALISMO DIALÉCTICO EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES


MATERIALISMO DIALÉCTICO. PATRICIO TORNE


Adorno se preguntó si era posible escribir poesía después de Auschwitz, pronto los supervivientes comenzaron a dejar testimonios del horror que habían conocido. Primo Levi, Elie Wiesel, Anna Frank ... son sólo algunos de los protagonistas y testigos de la historia, muchos de los cuales prefirieron el suicidio a seguir soportando la memoria del Holocausto. Celan le responde a Adorno en su conocido poema “Fuga de la muerte”:


Grita que suene más dulce la muerte la muerte es un maestro en Alemania  grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire así tendréis una fosa en las nubes allí no hay estrechez”.


Lo que hace Patricio Torne en Materialismo dialéctico es cantar el horror y el dolor pero, y sobre todo, el asombro de estar vivo. Torne pudo haber sido lírico como Celan, explícito o demagógico como tantos. Sin embargo, usa un lenguaje (“La lengua no es la lengua”, dice y entrecorto la cita, “es un trapo que se estruja después de tanta sangre inflamándolo hasta creer que se revienta. Un trapo de finísima tersura con el que se limpian los objetos más preciados para volverlos a guardar sin entregarlos al que, con tanta insistencia, los reclama: una fecha, un lugar, ciertos nombres, los ojos de la Colo, un documento, números”. “Ese paisaje helado es el futuro, está pensando”, dice Torne.), un lenguaje, decía, que resulta de esa sutil mezcla en la que Arnold Bode camina de la mano, mejor dicho aferrado al cinturón con que el padre del autor prodigó sendas palizas; Alighieri recita el Averno en el cuarto de torturas junto a personajes como el Tanque, el Ángel Rubio, etc.; o bien el amor de Abelardo y Eloísa se escucha pared de calabozo de por medio. Lo coloquial y esa aparente tabla rasa con que Torne trabaja y entreteje son parte de la “filosofía” de este libro: la mente en blanco o vacía, la experiencia como primer o único eslabón, los hechos como distorsión del espejo. Las marcas que ese espejo muestra son las de un “faltante”…


Desde el primer libro, pasando por Donde muere la lógica, poemario dedicado a los nuba (dice Wikipedia :antiguos moradores de las orillas del Nilo del Sur de Egipto al norte de Sudán ),se avecina el modo con que Patricio Torne expresa su Materialismo dialéctico una visión de mundo en la que se venera y se exige el amor y la justicia entre los hombres. El deseo, como el puntal que dirige a unos y otros, masculla ahora ya no eufórico sino dolido, cansado, marcado también por lo que se piensa o se inventa. Qué es la materia sino la caída de ese cuerpo, el correr de un agua donde no se nos permitió estar ya sea por anécdota personal o malabares de la historia. Y sin embargo, y sin embargo, Torne escribe con lo que queda de sí y de la historia, con lucidez, no melancolía. Cito:


Las hojas de los árboles no han dejado de caer. Te sorprende ese nunca acabar de cuerpos secos en el aire. Pensás que hay algo mágico en las ramas; brotes pujando por salir, para caer de inmediato. Rueda sin fin orquestada por la naturaleza para encantar a los tantos (o tontos) como vos?
Hace unos años recibía cartas de amigos, quienes, por otras circunstancias, no miraban la caída de las hojas, y del tema hacían referencias de bufones; el encanto se asfixia en un relato prosaico. Mis amigos estaban tristes, y nada los conformaba. La belleza era un lujo que no se permitían. Yo los imaginaba caminando por esas calles, abriendo surcos en la hojarasca, ahogándose en el humo de una ciudad cordial. El otoño, hermano, ponía sus largos dedos en el cuello debilitado de esos hombres.
A la belleza muchas veces, si es un lujo, hay que aprender a robarla, por eso te acompaño en ese banco de una calle parisina, y estamos mudos mirando la muerte jubilosa de las hojas en el aire.
Mis amigos de las cartas, con el tiempo, se acostumbraron a las estaciones europeas o volvieron a estos pagos, y viven talando árboles.



Hablando de talas y otras contradicciones en las que se sostiene el materialismo, el autor dedica una sección del libro a El amor a Dios. Aquí, como en casi todos los textos, la ironía no está para ocultar lo que duele, más bien para enfatizarlo:


A la buena de Dios quedó mi corazón cuando nos despedimos. Esto no es más que una manera de decir, porque en esa despedida Dios me estaba abandonando.


A la ausencia de Dios, mi corazón. Ya nada más que celebrar.


Nuestro último oficio. Ni un beso tuvo que venga a sostenerlo en el dolor de la memoria.


A la buena de Dios, diría mi madre. A la ausencia de Dios, mi corazón.




“Brutal, horrorosa, devota o tiernamente, aquí todo es carnal”, señala Lilian Nordio en su prólogo. Y agrego: no hay alivio posible; mucho menos el que podrían obtener el efectismo, el artefacto, la cuca, la fábrica; mucho menos las obleas, llámense realismo sucio u óleo de Bacon.


Leónidas Lamborghini me dijo una vez al oído: “Desde la dicha, canta la desdicha”. Mal que bien pero distanciado de la anécdota, creo que sólo así es posible un objeto estético. Patricio Torne escribió estos poemas hace varios años y recién ahora los hace públicos; alejado de los cánones, perfectamente anoticiado, su escritura llega una vez más como algo definitivo, permítanme decir verdadero. Llega, como también lo hizo el bueno de Miguel Hernández, con la herida del amor, la de la muerte, la de la vida; viene a darnos su mano y a pedir que tomemos la suya.


Irene Gruss





TEXTO DE PATRICIO RAFFO PARA LA PRESENTACIÓN DE MATERIALISMO DIALÉCTICO
EN LA PROVINCIA DE SAN LUIS

          Somos lo que hemos sido, lo que hemos evitado ser y lo que hemos deseado ser sin haberlo logrado.

Somos el amor y somos el horror.

Somos nuestra propia casa en nosotros, la mesa servida en la copa que se comparte entre risas y somos los desechos en el tacho de basura.

Lo sabemos. Esto lo sabemos.

Pero ¿quién de nosotros se atreve a abrir el pecho de la memoria como se abre un higo dulce, hundiendo los dedos en el placer de la belleza, o como se abre una brutalidad haciendo el tajo para que la sangre brote como un río que nos lave de una buena vez?

¿Quién puede abrir, a viva voz, la memoria como si la memoria fuese una miel amarga tan imprescindible como inevitable?

En ocasiones, Patricio Torne, tiene un bisturí en la mano y como un cirujano perfecto nos abre el pecho, palabra a palabra, abriéndose su propio pecho. Hace del tajo una necesidad. Y nos conmueve profundamente. Otras veces, Patricio Torne, no necesita del filo del acero para abrir de par en par las memorias de todos en su propia memoria, en esas otras ocasiones, abre los cielos de cada uno con sus  dedos. Como quien trabaja el alimento sobre la mesada de una vieja cocina, Patricio Torne, amasa el amor, muele las especias en un mortero tan propio como único y hunde los dedos en la carne cruda una y otra vez.

Y a medida que leemos Materialismo dialéctico nos vamos adentrando en esa casa que Torne nos abre de tantos modos como se le ocurra.

Torne nos abre su casa y nos dice: estas son las paredes, esta es la foto de mi madre cuando fue elegida Reina de la Batata, este es mi padre, bajo la llovizna, el día del regreso interrumpido de Perón, esta es la habitación de la hermosura y esta es la habitación del dolor.

Torne es un zoom a través del cual podemos ver Helvecia por completo y podemos ver la intimidad de la célula infinitesimal cuando nos dice que el amor es liberador y que pudo comprobarlo el día en que la luna vino a derramarse sobre su cuerpo.

Y Torne es frenesí: amé a Torne cuando leí esta palabra en un texto que no forma parte de Materialismo dialéctico. Íntimamente le agradecí que, como un gurú enloquecido, haya materializado para mí (¿para mí?) esa palabra: FRENESÍ, FRENESÍ, FRENESÍ. Entonces hizo que ahí, en ese momento, sentado frente a la notebook, en mi casa en Rosario, fuera frenesí en su frenesí y que fuera amor en su amor.

Pienso que a Torne le cabe la expresión “¿quién me quita lo bailado?” y él mismo lo dice cuando dice:

La intención era moverme al ritmo de los hechos, tomando a Dios de la cintura y, pase lo que pase (si era de amor, mucho mejor), decir después quién me quita lo bailado.


Pero la música no fue propicia, o alguien equivocó el paso, o ambas cosas a la vez para que nada pueda decir al respecto, nada que no sea pura pena como la queja de la más fea, la más puta, o la que planchó toda la noche y se mar con su copita de anís viendo a sus hermanas divertirse con su propio Dios entre cuarteto y ranchera.


De la intención al hecho hay mucho trecho, eso se sabe, ahora muevo en soledad mis pies descalzos, siguiendo un ritmo parecido a la tristeza que no da tregua en la batalla de bailar.




No es fácil bailar al paso de Patricio Torne porque su paso es el paso de lo liberado, el paso de quien pone sobre el mantel impecablemente blanco sus vísceras ensangrentadas. No es fácil bailar al paso de Torne. No.

Sin embargo, París, el de la Rue de Passy, flota, como diría Valente, en la súbita celebración del aire.

¿Hay nubes entorpeciendo el cielo de París, Daniel?

Siempre llueve en París, como siempre llueve en Mercedes. Pasa un paraguas dando vueltas frente a nuestras narices y un taxi se deja llevar por la onda verde en Champs Elysees. Las hojas de los árboles no han dejado de caer. Patricio Torne también es la nostalgia de la lluvia de París o de Mercedes. Patricio Torne también sabe llover sobre nosotros suavísimamente.

Alquimista de sí mismo, tan profundo como brutal, Torne se deshace en mil pedazos y se reconstruye sabiendo que hay trozos de uno que son imposibles de recuperar bajo otra lluvia.

Batalla sin cesar con la muerte y nos enseña la fragilidad de las cosas. Torne con su frenesí y su lluvia es una especie de puerto navegando hacia los barcos de cada uno de nosotros.

En un altamar de frutos, de perfumes, de saltos al vacío en los que nunca se deja de caer, Torne cabalga ufano por los intersticios del deseo. Únicos victoriosos abrazados en el medio de la lluvia, dice Patricio, y nos mete la mano en el medio del gozo del amor y finalmente lo comprendemos, entramos en razón, caemos en la cuenta, certificamos que no estamos a salvo.

Patricio Torne, hermosamente o tremendamente, nos abre los ojos y nos anuncia que en esta fugacidad no estamos a salvo.  

-Patricio Raffo-



  





PATRICIO TORNE: Nació en Helvecia .Santa Fé, Argentina, el 31 de enero de 1956.Editó:
 Orbita de Endriago (filofalsía 1990)
Helvecia y Otros Tópicos (Todos Bailan 1990)
Donde Muere la Lógica  (Ultimo Reino 1992)
Anacrónica (Ediciones de la nada 200)
Perros (Editorial Revistas Callejeras 2010)
Desde 1985 reside en Villa Mercedes (San Luis), donde desarrolla distintas actividades relacionadas con los espacios sociales, periodísticos y culturales.
Desde 1985 dirige los talleres literarios de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Económico-Sociales de la U.N.S.L.
Es Coordinador del Área de Cultura y Artística de la Secretaría de Extensión Universitaria de la F.I.C.E.S. de la U.N.S.L.
Es responsable del Ciclo PRETEXTO. Donde poetas de todo el país, la región y locales se dan cita para desarrollar lecturas y compartir experiencias creativas, desde 2010 junto al Taller Literario de la FICES.
Ha participado en distintos Congresos y Encuentros en el País, Paraguay y Chile.
Textos suyos han sido publicados en distintos medios nacionales y del exterior (Brasil, Chile, México y España)
 Su nuevo libro : MATERIALISMO DIALECTICO



las fotos de esta entrada son de Alicia Gallegos

viernes, 5 de julio de 2013

PATRICIO TORNE / CARNE DE CHANCHO




CARNE  DE CHANCHO
                      autor PATRICIO E. TORNE

     
Hay ciertos animales que portan su belleza con un descaro
sin igual. A esa especie pertenece la filiación de este animal:
mezcla de brutalidad carnicera con delicadeza a lo “Peter Pan”.
Por eso no debería extrañarnos si su desnudez se recorta entre
las piedras del acantilado, para luego acercarse -lenta pero
decididamente-, y ser adorado por esos incautos que recorren
la playa buscando conchas, sin imaginar que vendrían a
encontrarse con tu aparente domesticidad.



                                                                                                          1











          En el trance de encontrarlo donde nunca estaba, cierta vez, tuve el convencimiento de reconocer su imponente figura bajo la ducha.

          La lluvia ponía el brillo necesario sobre su vellosidad, pero algo en su lenguaje corporal me alertaba sobre el equívoco. La tensión puesta al servicio de ciertos temas banales, acrecentaba la sospecha de un nuevo error de mi parte.

          Me di tiempo, sin embargo, de acercarme y acelerar la caída del agua con la palma de la mano. Recorrí su espalda, sus nalgas, los músculos firmes de sus piernas. La bestia se dejó estar, como quien tiene la costumbre de ser malenseñado, y se echó, lentamente, en la bañera.

          Como un capitán complacido en la derrota, me invitaba a su naufragio hogareño.


                                                                                                                                        2








          Debía matarlo una y mil veces. Esparcir lo que quedase de su cuerpo donde sea, menos en los resquicios de la memoria. Así la premisa  con la que intentaba sostenerme, día tras día. Pero allí estaba, sino la presencia, el rastro que dejara su puro andar de bestia, cuando no el olor, su sombra  que en las jornadas de gozo quedara por la casa.

          Como una tierna mascota se volvía, llamando la asistencia de mi mano bienhechora que,  lejos del crimen, se volvía un bálsamo recorriendo la voluminosidad de su recuerdo.

          Extrañando entonces su mirada, me ausentaba de mí, guardaba uno por uno los puñales y cantaba. Cantaba hasta quedar sin voz. Como un trance parecido al exorcismo;  igual que un verdugo inoperante al que lo asiste la pena de no cumplir su cometido.



                                                                                                      3





          En los días propicios, su bestialidad se tendía largo a largo. Dejándose contemplar, sus gestos se adherían a la circunstancia del puro beneplácito.

          Cada tanto –como esos animales disponiéndose a su amo-, exigía su caricia, que de ser satisfecha, le volvía todo un mar en la mirada: no conozco la playa, decía entonces, y su ampulosidad, de pura complacencia, se llenaba de luz igual que un niño al que se debe atender.

          Dejábamos, entonces, nuestro salvajismo de lado, y una barca crecía entre ambos: se dejaba empujar aguas adentro. Marineros nos volvíamos. Centinelas cada uno en lo mas alto del mástil.

          Voluptuosa la tormenta que vendría a mojarnos, hasta llegar la calma.

           Nuestros cuerpos complacidos en la aventura marina. La envidia de Poseidón en olas de la lujuria








                                                                                                                                             4












          Luces en el sigilo de la noche, y en la guarida del guerrero,  se extasían con cierta voluptuosidad que los vuelve angelicales. A solas, se avienen a celebrar lo que les gusta en cada uno de ellos. Las manos, con esa suavidad y la firmeza tan propia de los buenos amantes, recorriendo, sin pudores, los exactos lugares donde crece el deseo. Como inmensos titanes después de la furia, se dejan llevar por la ternura y se vuelven inocentes. Mimias figuras excluidas de la jungla. Lejos de la arena, los gladiadores  olvidan, por un momento, su condición de bestiales






                                                                                                  5













           Nada nos hace falta. La mesa de lo irremediable está tendida. Después de devorar lo que de cada uno apetezca, deberíamos recostarnos a observar nuestra luminosa degradación. Escuchar los sonidos desacompasados de la lengua y decir cosas banales: tierra, lastre, enfermedad, padre, amante.

          En algún punto se alzará el puñal. Caerá con la certeza propia de los buenos gestos. En lo que siga primará la virtud de la estética. Como las reses de Bacon. Carnicería en la tela




                                                                                                         6












           Nadie podrá afirmar, jamás, que tus dientes estuvieron solo al servicio del mordisco. Que tus ojos, profundamente hermosos, atentos a la presa fácil. No.

          Que tu complexión se tensara para el salto consumatorio del desprevenido.


          Yo he visto de cerca tu figura inmensa y leve. He visto, si, el halo circundando tu cabeza. Igual que a un santo pude verte y, muchas veces, me encontré con objetos inocentes en las manos que te hubiera ofrendado. Pero es fuerte el pudor, y más cara la vergüenza.

          

          Ahora cuelgo algunas fotos,  para verme bendecido por tu presencia. Cuido con esmero esas instantáneas que alguna vez -ya lo dijeron-, serán partes de un dossier de la National Geographic, o de un especial en el Animal Planet.    




                                                                                                      7





          Suele olvidarse con facilidad del mundo, y en su guarida, pone obsesiva atención en la forma de sus patas. La tersa epidermis de sus hombros. La pelambre suave de su cavidad torácica. Después se acaricia gradualmente: primero con cierta parcimonia, después intensifica el movimiento y, como un metrónomo descontrolado, llega al punto inicial. Se relaja de nuevo, y su atención ya está puesta en la panza.


          Con sus manos restriega la redondez, y confirma la plenitud del volumen. Conforme en la concavidad del autismo, se acaricia presionando el sexo. Se vuelve seminal. (demagogo y tierno, diría el observador). Un oso que solo bien se lame, sucumbiendo en el éxtasis de lo que otros le niegan como encanto.  



                                                                                                                             8







           Recostado en la noche, a orilla de los bosques, he sido el  cazador que apuesta a la fortuna, y espera de su presa el guiño del reconocimiento.

           Bebí con la mecánica del desesperado, tus más dulces secreciones.

           Arrodillado ante la belleza, comulgué tantas veces como  fue necesario. Me abracé a tu cintura, y fui testigo del temblor y los gemidos. Bebí de tu licor con tanta impunidad como es posible.

           Pero no pude matarte, dejé librada tu carrera. Vi hundirse tu figura en lo espeso de la noche, como un pobre animal  que se cree inocente.




                                                                                                                                                9














           A causa de amar tanto a la bestia, perdí el sentido.

Deliro con sus pectorales en el horizonte, como una amenaza de tormenta levantándose oscura y bella.


          Vendrá a saciar mi sed –pienso-, y el viento pasa a cientos de Km. por hora.  Me desnuda ante los demás. Pone al descubierto mis miserias.


          He levantado las banderas de la vulnerabilidad, aunque se de mi propia fuente,  que no habré de redimirme evitando el oprobio.


                                                                                                                                         10







PATRICIO TORNE: Nació en Helvecia (pcia de Santa Fe) el 31 de enero de 1956.


Editó:


          Orbita de Endriago (filofalsía 1990)


          Helvecia y Otros Tópicos (Todos Bailan 1990)


          Donde Muere la Lógica  (Ultimo Reino 1992)


          Anacrónica (Ediciones de la nada 200)


          Perros (Editorial Revistas Callejeras 2010)




Desde 1985 reside en Villa Mercedes (San Luis), donde desarrolla distintas actividades relacionadas con los espacios sociales, periodísticos y culturales.

Desde 1985 dirige los talleres literarios de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Económico-Sociales de la U.N.S.L.

Es Coordinador del Área de Cultura y Artística de la Secretaría de Extensión Universitaria de la F.I.C.E.S. de la U.N.S.L.

Es responsable del Ciclo PRETEXTO. Donde poetas de todo el país, la región y locales se dan cita para desarrollar lecturas y compartir experiencias creativas, desde 2010 junto al Taller Literario de la FICES.

Ha participado en distintos Congresos y Encuentros en el País, Paraguay y Chile.

Textos suyos han sido publicados en distintos medios nacionales y del exterior (Brasil, Chile, México y España)

sábado, 13 de abril de 2013

PATRICIO TORNE / LOS QUINCE MINUTOS DE GLORIA

PATRICIO  TORNE

LOS QUINCE MINUTOS DE GLORIA

“Todo el mundo debería tener derecho a quince minutos de gloria”.
-Andy Warhol-


Una pesada carga,
eso ha de volverse.
La gloria ya celebra en otro sitio.
Igual que en el jardín,
la efímera existencia
con la que habrá de encantar
la flor de un día.
No basta con estar
en buen estado, ni saberse
una por una las reglas del éxito.
Cada vez más pesada,
la luz, termina por aplastar.
Toda luz,
como una nube,
tapando hasta ser ella,
sólo ella, una nube de luz
matando al sujeto que la ostenta.

Pasado el cuarto de hora,
alguien tendrá el vigor,
la gloria,
de levantarla sobre su cabeza
por otros quince minutos.

viernes, 30 de noviembre de 2012

PATRICIO TORNE / JUICIO Y CASTIGO A LOS FUSILADORES DE LA PATRIA


PATRICIO  TORNE


JUICIO Y CASTIGO A LOS FUSILADORES DE LA PATRIA

Y uno dijo: “Para nosotros
relatar lo de Trelew es una obligación.
para con nuestro pueblo, por todos los compañeros
que murieron allí, que aportaron con su muerte,
con su lucha, a todo ese proceso”.
Como quien despojado de todo, ya cruzó el desierto
y recibe recompensa, así la justicia y lo que trae,
después de tanto tiempo levantando la memoria de ustedes
los queridos, amados, compañeros.
“Es una cosa totalmente impersonal.
Si algo tenemos que hacer, si para algo sobrevivimos
nosotros, es para transmitir todo eso que los otros,
por haber muerto, no pueden hacerlo.”, dijo un segundo.
Supimos entonces que, salvo la libertad o la muerte,
nada es perfecto, como nada es perdurable,
mucho menos la impudicia que perdona la mano ejecutora
o el olvido que asiste a los asesinos.
La libertad es un grito, pero la muerte también grita.
Está gritando desde ese 22. Animales furiosos
nos han vuelto aquellos gritos.
En mi corazón están gritando esas muertes,
y gritan, además, en el animal enfurecido de la patria.
Por más que quieran ocultarla, grita la muerte
en los diarios reaccionarios que acompañan los crímenes,
y en los panfletos clandestinos que repartimos a los gritos,
gritan!
“L.O M.J.E., libres o muertos, jamás esclavos” escribió
con sangre la tercera, después de que llovieran las balas.
La impunidad está siendo desbaratada mis queridos,
y el vino pide a gritos ser descorchado de una vez.
La Patagonia ya no es sólo la extensión de tierra trágica,
del mismo modo en que la noche ha dejado de ser
la más larga y fría de todos los agostos.
Los hechos nos aproximan al más ferviente de los abrazos,
y aquellas dieciséis, diecinueve,
rosas rojas son todo un mar de flores
enriquecido por el color y el perfume
de los que todavía siguen asistidos por la lucha,
reclamando y celebrando
el juicio y castigo a los fusiladores de la Patria.
          Patricio Emilio Torne

martes, 21 de febrero de 2012

PATRICIO EMILIO TORNE / BELLAS BESTIAS

PATRICIO EMILIO TORNE


BELLAS BESTIAS

Uno

En la noche, cuando todos los gatos son pardos, las bestias se iluminan contagiándose el deseo de poseerse hasta matar las ganas. La una con la otra, las bestias se ablandan como el agua, e igual que vasos comunicantes, uno a otro de los cuerpos pasarán la carga erótica que los mueve.


Dos

La posesión del uno libera la felicidad del otro, y ambos cuerpos, sin nada que lo impida, dejan que el goce los domine. Hace entonces que sus ojos tengan encendida la brasa de los sueños realizados.

Tres

En el universo de las sábanas las bestias se aman una, dos, cien, todas las veces. Se contemplan luego y hablan de lo extraño que es el mundo, o el extraño lugar que ambos ocupan en el mundo, y sienten que es mejor estar allí, definitivamente allí, en esa bastedad de hilos que absorbe sus sudores y despierta los sentidos.


Cuatro

La lengua que recorre el cuerpo que se tiende, sabe tanto de asperezas, como de suaves tersuras. La sal en los pliegues de esos miembros, son el plato apetecible que habrá de saborearse como sólo un hambriento de lujuria habrá de hacerlo. En la pelambre irá dejando un rastro de saliva hasta llegar a la presa que mueve sus deseos, para entonces saber que puede devorarla.


Cinco

La boca es fuego, tibia entrada a las puertas del goce. Adentro, la tensa nervadura, se deja recorrer por una lengua que es infierno, del mismo modo que es agua disipando los espasmos. Hasta que dado el momento, nada puede contener las convulsiones. Es tan dulce como espesa lo que esa nervadura regala en breves contracciones, para que entonces la lengua se vaya apaciguando y sienta que el infierno se está trocando en cielo.


Seis

Las bestias saben que el mundo es más bestial que la esencia de ellos mismos. Se aferran con caricias o dulces palabreríos. Se hacen fuertes sabiendo que los sueños, sueños son, y vuelven a mirarse. En esa tensión que domina la ternura, el discreto sonido de la voz se escucha cuando dice: “eres toda la hermosura, y mucho más de lo que puedo merecer”. Saben que hay un gesto sumido en la generosidad de estar atento al otro, y en la humilde causa de ser iguales, las bestias se hacen bellas, intensamente bellas.


Siete

Cuanto dura la pasión? Cuanto el amor entre las bestias? Se preguntan y se abrazan desesperadamente. Intentan, desde su bestialidad, dar con la respuesta. La noche late, y late con desesperación el par de corazones. Afuera el mundo se relame pensando cómo tanta pasión deberá doblegarse.


Ocho


Las bestias saben que el miedo inmoviliza. Saben, además, que ha sido el arma con que fueron cazados sus hermanos, por eso levantan sus banderas y en lo alto, también, ponen el grito. El amor, ya lo aprendieron, es hijo natural de las batallas.

Nueve

Sólo en la generosidad que da el amor, será posible encontrar la disponibilidad del otro, y en la más humilde de las entregas, la certeza de saber que somos libres, como libres seremos de amar sin otra motivación que la entrega.


Diez


Como el reposo del guerrero, así en lo cotidiano las bestias. Después de la batalla, se piensan y se extrañan. Al pie del cañón, elucubran sobre el vino, la comida, las historias más intensas relatadas en la mesa. Y sienten que se quieren, se desean, y gozan de antemano lo que habrán de prodigarse, porque tienen en su haber algo de bestial, pero –más que nada-, una inmensa belleza.




SU NUEVO LIBRO 2013



foto Alicia Gallegos