sábado, 5 de octubre de 2013

IRENE GRUSS / poemas de LA PARED y reseñas y notas del libro

IRENE GRUSS

dos poemas de su libro LA PARED  y  partes de algunas reseñas y notas acerca del libro



XIV

 Rígida como es,
no acepta tanto punto
de vista. Pareciera
que se marea: chorrea la tinta
o el pincel: la pared
limita: estoy
hasta acá,
dice, y muestra el borde.


 **




XVI


 Cabeza muerta la pared,
echo cal viva sobre esa cabeza
adiós adiós el pensamiento o la flor
allí enredada, la hojita
que titila y se aferra al viento.
No digas más. No digas Nada.



 **







dijo PAULA JIMÉNEZ ESPAÑA

................. Después de La mitad de la verdad, el nombre de su obra reunida editada en 2008 por Bajo la luna, Gruss inaugura con La pared otra mitad de una verdad que –profecía de esta cronista– en su obra no terminará de revelarse. Y no lo hará, justamente, porque mientras su escritura siga urdiendo en las posibilidades del lenguaje y eludiendo todo vano intento de definición, lejos estará de aportarle a la poesía una verdad única y completa. Enhorabuena. “Para nosotros sólo es intentar. Lo demás no es asunto nuestro”, ha dicho Tomás S. Eliot en sus Cuatro cuartetos. El intento de Gruss en este libro es el de desentrañar, a través de versos sutiles, breves, cuasi volátiles, el alma de una pared en particular: la de su propio imaginario. A ella se aproxima a través de un rodeo, de un acercamiento a los temas que este significante privilegiado, musa inspiradora de The Wall y primera pizarra de la historia, aglutina.
“Le hablo a la pared”, dice en el poema inicial. Y este verso es, a todas luces, una bandera blanca, la declaración de un fracaso esencial: el de la comunicación. Pero el poema continúa y su sentido va desplazándose hacia lugares nuevos. En los versos siguientes descubriremos que, más allá de la metáfora de resonancia popular, la poeta ha buscado jugar con la literalidad y señalar una posible elección entre los dos senderos que en el habla se bifurcan: oralidad versus escritura...........................
.............


dijo LORENA CURRUHINCA

Luego de su obra poética reunida, “La mitad de la verdad”, publicada en 2008 por la editorial Bajo la luna llega este nuevo libro. Es un poema entero o dieciocho poemas/fragmentos.
El desafío de comenzar la lectura de un poemario con un título tan perceptible ya obtura y atemoriza a cualquier lector: la poesía de Irene Gruss nunca fue sencilla. Versos/declaración como:
Lo mío es hablarle siempre a la pared, antes que la derrumbe un fuego
o el tiempo simple.

Ah, ilusa,
empecinada en atender lo que calla,
lo que dice.

Ponerse a sí misma como quien escribe, primero y escucha después es una tarea compleja. Implica la espera y ecos ensordecedores. Tirar palabras como pelotas al frontón y no tener la certidumbre de la trayectoria que devolverá el impacto. Uno se convierte -también- en pared receptora. Hay plantas que modifican sus partes para otras funciones: la hiedra, por ejemplo, tiene raíces adventicias que la hacen capaz de adherirse al sustrato –rugoso, áspero- para permitir la elevación de los tallos y así mejorar la captación de la luz. Este ir hacia una fuente lumínica, pero desde la transformación, se asemeja a la voz de Gruss. Ella escribe estirando y quebrando significados, la escritura va hacia un lugar más complicado de alcanzar, el de la incomodidad y polemizar con el propio discurso.
El “No” que se repite a lo largo de todo el poema, ¿es el escrito o es el que le devuelve esa pared? ¿Pero qué es esta pared? La cal quemando, ¿es un aviso? Lo corpóreo de la misma es el motivo para dialogar con ella: “Si no existiera, no sabría qué cosa decir”
A través de lo palpable se pone en tensión lo y el carácter inmutable de los objetos: Guay del que contradiga / lo que la pared dice, el clavo / que sujeta el espejo, la foto / de mamá, sangre /en el muro, la soga / del ahorcado, la de la ropa. La línea vertical sostiene todo ese armamento de construcción personal y familiar. La línea que va de lado a lado sólo sirve para colgar prendas; es una ilusión horizontal.
En esa materia dura transcurre el libro y el riesgo que corre la poeta, ¿cómo trabajar la cadencia con el elemento de clausura propuesto? Y ahí está ese tono irónico, irrumpiendo en cierta lírica establecida; hacer maleable el lenguaje desde el choque contra la pared, con el dolor del golpe. Y aún así, la cadencia es el ir y venir que no cesa: la pared no responde, pero la charla continúa. El stop sólo lo da el sujeto que se queda frente a ella. La resistencia que opone está dada por el material por el que está construida y la simbolización que se le otorga. Esa necesidad de pulcritud ciudadana que impone prohibición a carteles, dibujos, afiches: La gota que horada la piedra: / te amo clau / evita vuelve / boca putos racing / corazón. Entonces, Irene, horada. Va haciendo perforaciones, ahí, en los ladrillos, con paciencia de preso improvisa una especie de pico arqueológico y después esparce las piedritas que sobran para no dejar rastros.
Corro hacia la orilla, / lo que pensabas o simplemente veías / como mar / no era. / El mar es una pared, dices. Entonces, una nueva demolición. El mar ya no es el refugio romántico. Es otro arquetipo de lo infranqueable, de la belleza que es mortalidad.
El tono de este poema es el sonido del puñetazo, de los nudillos sangrando. El estado es de cierta frustración, con la lentitud de la sangre que cae y deja la mancha. …no volverán golondrinas / ni padres ni el benteveo que percute la divina partitura / haya paz / descansen, descansen en paz… declara en el fragmento XVII. Ahora, estamos más solos, Bécquer no nos consuela más. Y continúa: nada que lamentar, / ni un solo quejido ahora: chito. // Escucha el murmullo eterno del No; / es más claro que el agua. Sigue la dureza del No, otra vez la imposibilidad: la muralla que se construye sin ningún impedimento. No hay alegato contra lo evidente, ni salvación. ¿Gruss nos advierte, acaso, de ese lugar que dice que la poesía es la salvación?
Y si la enredadera perenne que cree en la pared / dijera ¡Cuidado, las paredes oyen! ¿Y si el pico con el que cavó antes fue preparándonos para esta grieta? Existen frutos secos que tienen mecanismos de apertura para poder liberar las semillas. ¿Y si todo el tiempo fue una maduración, un periodo de latencia? Ese vuelco en la retórica poética de Gruss es lo que hace una de las mayores poetas argentinas, junto a Juana Bignozzi y Diana Bellessi. En el gesto de hacer dudar de la presencia detrás de la pared luego de mostrarnos el insistente impacto logra tambalear cualquier creencia. Y al final, ¿quién escucha?
*Por Lorena Curruhinca, (Viedma 1981).

LA PARED. Se viene LA PARED. Venimos con LA PARED. 24 de mayo, en Buenos Aires


dijo CARLOS SCHILLING

....Dice lo justo, pero aquí lo justo es un exceso, es casi un acto de locura estética: “Le hablo a la pared/ (Es más bello porque es inútil)”.  La pared se vuelve así una máxima posibilidad y una negación absoluta. Y en ese sentido, el poema de Gruss evoca esos paisajes finales del último Samuel Beckett o del primer Paul Auster. No hay nada, no puede haber nada y sin embargo… “Como un grito/ la pared no responde. Da la elocuencia/ del golpe…”..............................



dijo JUAN FERNANDO GARCIA

.....La obra de la poeta Irene Gruss (Buenos Aires, 1950) se encuentra entre las mejores del presente. Atraviesa estos últimos 30 años con una gubia de lengua poética personalísima. Si tuviéramos que exigirnos una caracterización breve y formal de su poesía , podríamos arriesgar que la ironía en verso corto, el efecto sentencioso, además de una fuerte crítica a modelos estereotipados, hacen de sus poemas pequeñas piezas inolvidables, lacerantes la más de las veces........



dijo JORGE AULICINO

...... Ejemplar recorrido en todo el sentido del término: si se debiera acudir al epítome de la poesía nacida en los setenta en Buenos Aires y de su despliegue, habría que leer, entre unas pocas opciones, la poesía de Irene Gruss. Antes de la guerra, fue poesía de posguerra. Allí se habló y se habla de las cosas en su espíritu, más que del espíritu de las cosas. Todo es aquí azar convertido en convencimiento. La revelación que en su segundo movimiento devuelve el mundo a su lugar, según la consabida percepción del zen, y a nosotros a sus fragmentos imantados. Y aún dirán, pero y ¿la angustia? Contra la pared a la que se habla.




dijo OSVALDO BOSSI

...........Si no me equivoco, la poesía de Irene Gruss, desde sus primeros libros hasta ahora, viene “torciéndole -como diría Denise Levertov- el cuello al cisne” buscando una verdad que fuera, no el espejo, sino el complemento de la realidad. Su contracara y, por añadidura, un monitoreo constante de sus contradicciones.
A veces esta búsqueda se resuelve como  tema. El poema El tono, por ejemplo, gira alrededor de a esa pequeña batalla que todo poema,  entre lo que alcanza a decir y lo que no, pierde y gana cada vez. Cito: Mi voz dice lo que no quiere decir, / mi voz tiene otro tono / lo que quiero decir no lo dice / dice otra cosa. / Lo que no digo a veces lo dice mi voz / o el silencio, el mío, lo dice pero / no se entiende.
Otras veces, aparece directamente a través de un estilo que sufre, en carne propia, su imposibilidad. No importa de lo que se esté hablando, la frase de golpe se detiene y da un paso atrás, como si sonara una alarma donde se le advirtiera: Cuidado, lugar común, tierra habitada por la retórica, palabra hueca, frase hueca, fiasco. Es algo así como un vade retro  pero no dramático, más bien cómico. O tragicómico. En todo caso, la falsa llave no se oculta. Queda, todo el tiempo, ante nuestros ojos. Como una evidencia de verdad  (de verdad negativa por supuesto, pero verdad al fin). Desde ese instante, el poema es un poema y es un anti-poema también. Como un lirismo que, sometido a esta prueba de verdad, saliera fortalecido.
Hasta acá todo bien. El problema es que cada tanto, Irene escribe pequeños libros terribles  e inclasificables como el que hoy, sin ir más lejos, me toca presentar. Libros en lo que se encuentra todo lo anterior, pero además un hermetismo formal y una franca intención simbólica en donde lo que no se dice es tanto, o más importante, que lo que se dice. Pienso en su libro El asma. O en ese otro, En el brillo de uno, en el vidrio de uno, donde se lee en uno de sus fragmentos: Hay algo que no se deja ver / lo que quiso verse y lo que no se quiso. Y enseguida agrega, a modo de comentario: Cierta cobardía hay / en ese progresivo / dejar de ver / o cierto cansancio / de la vista. Sin embargo, ese deseo de ver  “algo que no se deja ver”, a pesar del cansancio, sigue intacto en este nuevo libro de Irene Gruss.
Desde el vamos, el sencillo título La pared, es una promesa de realidad, y es una trampa: parece proponer la larga y minuciosa construcción de un objeto real a través del lenguaje, a lo Francis Ponge, o, para decirlo con sus propias palabras: “la necesidad de rectificarse a favor de un objeto bruto”. Lo curioso, es que  en la escritura de Irene Gruss se da esto, y también otra cosa. Y es ahí, en esa otra cosa, donde la subjetividad se vuelve una antena que desbarata cualquier intención objetiva. El resultado: fragmentos, notas al pie; enunciados incompletos o, que al completarse, muestran inmediatamente las hilachas de una verdad parcial, siempre escurridiza. Sobre todo, por la intervención directa del yo (interpelándolo, algunas veces) frente el objeto en cuestión. En este caso “la pared”.

Material extractado del Blog de Irene : 

 lamitadelaverdad.blogspot.com (casta diva).

http://lamitadelaverdad.blogspot.com/



IRENE GRUSS. Lee el miércoles.

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