viernes, 16 de febrero de 2018

ATADITOS de LAURA ESTRIN / por SOFÍA GONZÁLEZ BONORINO




No parto de nada
parto de pérdidas
                                                                                                                                                                                                                     L.E.



Trágicas piedras
Lectura de Ataditos, de Laura Estrin
Publicado por Leviatán, diciembre 2017




En la escritura de Laura Estrin resuena, a lo lejos, un oculto latido.

Sus poemas tienen algo de desesperado, materia orgánica en busca de sus propias leyes.

No las leyes del tiempo, que Estrin padece desde un silencio que sangra. Sus versos, como gotas rebeldes que caen desde una canilla mal cerrada sobre el embaldosado, marcan un ritmo de desolación, una música que se escribe a tientas, con lo que queda.

Poemas en los que el lujo deslumbra en anillos y oro, atardeceres que ciegan. Y sin embargo, la pobreza, de donde todo, o casi todo, sale.

Un solo cuerpo para tanta muerte.

La gota cae, música obsesiva en mis oídos. Un perforar delicado de las letras. Que al final de la frase, no llegan a caer.

El tiempo se enreda al sin sentido hasta formar cadencia.

El tiempo es presencia que se nombra y no acaba de decirse nunca. Fracasa en su mismo existir, perdido. Y de la misma materia del fracaso está hecha la vida del poema, la vida verdadera.

Estrin insiste, aferrada a la memoria: ciertos momentos, casi óseos,  imprescindibles. Y su lucidez, despiadada.

Dobla el tiempo o da la vuelta

El viento sopla el perro ladra

Que ni eso

Ataditos se abre como un bosque en la noche, me adentro en su follaje: siluetas entrevistas en sombras vegetales. 

De lo que se trata es del tiempo.

Asombro por lo que tiene de inaprensible, de  fugaz, de evanescente, como el cuerpo amado que jamás poseeremos, o ese recuerdo de infancia, que se nos escapa y permanece ajeno. Por eso Estrin da rodeos, recorre los bordes del objeto ausente demorándose, trayendo al lenguaje la forma de lo perdido.

Y con los fragmentos, construir un rostro.

La ilusión del presente, esa necesidad de seguir viva.

Rebeldía, deseo de quedarse en la tristeza. En ese espacio adonde no llegan las miradas de los otros. Y hacerlo idea, expansión desordenada, resistencia.

El tiempo se envuelve de nostalgia.

Se repliega, en busca de un orden que lo engendre de nuevo, des-orden gramatical que por sus mismos cortes, no admite los errores.

Los poemas vibran en un no saber que lo sabe todo, o casi todo.
La vida es tempestad, crimen.

Vida tiñe las manos

hunde los ojos

apresta ramas

pierde tino

El tiempo, añoranza de lo que nunca fue, de eso deseado que se resuelve en un presente del que soy excluido.

Disconformidad, crecen los versos hasta ocupar los márgenes de un mundo demasiado pequeño, que asfixia.

Aburrimiento desolación,

puede

angosto

pasar por vida?


¿Y esto es todo?, parece preguntar la poeta.

A pesar de la siempre inútil lágrima, ¿es esta desolación la vida?

Quizá en otro lugar, en la lejana Rusia de los ancestros, o en la otra, la blanca Rusia desconocida, la que se escucha respirar fuera del verso, o en el sueño siempre joven del polaco, o en algún perfume ido, o en el cuerpo de Irina, en su demasiada muerte… ¿Será esa materia de tiempos vedados el espacio posible?

Respirar el leguaje de Ataditos es sentir el cuerpo trunco, la caída, las posibilidades infinitas de lo que permanece en algún rincón de la memoria, imágenes  quietas, poderosas entre muros de piedra.

Estrin no se resigna. Se hunde en un río que duele, el mismo en el que el sol cae, instante único que la poeta  quisiera arrancarle a la tarde, guardar para ella sola.

Pero viva como está, siente palpitar el tiempo, esa incomodidad necesaria, esa atmósfera nutricia en la que escribe y existe:

Tiempo conmueve

La pregunta otra vez

Estrin se aproxima, dice, como si no pudiera otra cosa.

Porque de la verdad, también, se trata.

Va yendo desde el lugar siempre equivocado, desde su revoltijo de mañana, desde esa luz, desde la tristeza de lo que sabe perdido.

Las imágenes me golpean: el cactus enfermo, que el poema asocia a la basura. Nada más terrible, pienso, que la indefensión vegetal de esa planta guerrera.

Penas en los ojos. Y el alma,que balbucea en imágenes, y  aterra.

Cambiar los ojos para ver lo mismo

Mismo sol para misma mentira


Los poemas chocan, a veces, con la piedra.

Las perversas formas de la naturaleza, ignorantes del tiempo y sus segundos, emparedan la vida.

Del otro lado piedras

Sueños


Ataditos dice pérdida. Ningún talismán nos protege de las horas, de los surcos que nos van dejando en el cuerpo. Para petrificarse después, como caminos muertos, que no van a ningún lado.

Palabra va y viene

Atadita

que ni una imagen

ni un consuelo

sostienen al desespero

Laura es testigo de ciertos días de mayo, días que atormentan. Lo irrepresentable de ese tiempo perdido, de ese sol, vuelve, para quedarse,  en el poema.

Y en donde todo fracasa, la memoria se escribe.

No está en la escritura de Estrin esa totalidad que me envuelve como una madre nutricia.

Avanzo a los tropezones, con angustia, me corto en frases inacabadas, me pierdo el sentido, me rescato en  formas y sonidos.

Lectora, me fragmento en mil pedazos, como los rayos del sol a través de un lente del siglo XIX. Soy, también, esa mañana que se desanda en calor.

Y no hay posibilidad de ilusiones, de engaños.

No digan

no hablen

ya dijeron y hablaron


Entre jazmines y perfumes de magnolias, Ataditos me absuelve de lo inacabado, con ese decir que dice lejos, otra cosa, siempre.

Y el dolor es la exclusión.

Quedarse, aparte, con el incómodo saber a cuestas.

Que es así

cosas que son así


Ella  se cansa, y las palabras la llevan a sostener paredes, para darles la espalda... El moho de lo repetido queda del otro lado.

Hay en estos poemas algo del lujo del exceso:el porque sí, por nada, por puro gusto.

anillos de ojos mojados

anillos

anillos


Desesperada, femenina, irreverente,  taconea el tiempo.

Y el dolor, el de siempre reencontrado, el que se dice en dos líneas:

Invierno muerto

otro invierno.


Hay un no saber- ya lo dije- desde el que Estrin escribe como si fuera el único lugar posible. Destrucción y pantomima. Laura juguetea, se burla del mal. Detrás de las fachadas dignas, los escombros. La ausencia de sustancia, esa presencia; las estrellas que se escapan por ventanas que no dan a ningún lado. La noche y su palabra toman posesión de la memoria en ruinas.

Estrin trabaja la noche con ojos nuevos. Contra la multiplicidad que aturde, el tiempo uno.

Para respirar mejor.

Laura envejece en el instante mismo del cruce de dos lanchas en el río. Y el dolor de haberlas visto pasar, inmersas en un tiempo inaccesible para ella, o accesible sólo para otros.

Ella ve largo, recuerda.
Se enreda a la tristeza como el orfebre al barro. Una tristeza siempre vieja, reacia a dejarse inventar.

Se impacienta:

-          Usted quiere decir algo
-          Sí, hombre (y me parece que se burla) los que escribimos queremos decir algo.

Escucho la risa en esa frase imposible.

Pierdo años

olvido

no tiempos


Decir con imágenes que se desprenden de las palabras y sobrevuelan el texto, como pájaros. Decir con letras, con cicatrices y marcas. Tironear de la carne herida, y ver armarse un mundo desde el abismo, ese lugar en donde quisiéramos hacer pie, y que nos hunde.

Algo falta, siempre algo falta.
¿Direcciones?


El viento va solo para allá

y da la vuelta.


Y lo perdido de nuevo:


Creía que era su perfume

pero era el de ayer

una flor malhadada


Así como con crudeza Laura Estrin escribe lo que se le impone, esa voluntad ajena, fría y ausente encarna en ella, se hace letra.

En el poema, Estrin logra transmutar las trágicas piedras en vida.


Difícil el tiempo


del arrebato de las cosas

escribo


El viento le sopla al oído verdades rocosas, sin movimiento ni riqueza. Verdades que no quiero oír. Huyo, al igual que estos poemas,  de las relaciones fijas. Como del sonido filoso del viento en el desierto. Es de la escritora la posibilidad de transformar las leyes de la naturaleza, crueles y analfabetas, en escritura que vivifica.

Los perfumes de otra época

vienen del tiempo


Abro Ataditos, lo cierro.

Quisiera quedarme un rato con sus  frases tensas,  con la tristeza  de mi cuerpo solo.
Lo que se dice no deja de decirse.

Inútil lágrima, no lloro, se me caen las lágrimas.

Quedan estos versos en mi retina.

Al final

El tiempo no se arregló


Entonces


Reir Laura reir

nunca sonreir

el horror ríe

el dolor ríe




Sofía González Bonorino.
Buenos Aires, 2018




 Laura Estrin
 Nació en 1967 en Buenos Aires . 
 Escribió :
 Álbum (2001), Parque Chacabuco (2004),
 Alles Ding (2007),   A maroma (2010). Tapa de   sol (2012)
 Editó y prologó autores rusos y argentinos :
 César Aira. El realismo y sus extremos (1999), 
 Literatura rusa. Acerca de Biéli, Blok, Gorki, Bábel,   Shklovski, Tsvietáieva, Jlébnikov, Platónov y Dovlátov   (2013).
 Zelarayán (Lata   Peinada, 2008), 
 Libertella .El efecto Libertella( 2011) y Zettel (2009),
 Ritvo .Poética de la interrupción ( 2011), 
 Correas .Decirlo todo( 2012),
  Libertella/ Lamborghini (2016) y Nicolás Rosa .Escritos   (2016).



Sofía González Bonorino
Publicó las novelas Las Cruces (2000), La Quema (2003) ,El Escritorio (2006) y Mi Cliente (2014)






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