miércoles, 4 de septiembre de 2013

VIRGINIA CANTON

VIRGINIA CANTON

Querida Susana:

Llovió mucho este invierno. Nubarrones oscuros reptaban el cielo y se metían
en las casas. Prendíamos la bombita que cuelga del techo de la cocina en pleno día.
 Las gotas mojaban el vidrio, los ojos, el cristalino, la pupila, el iris, las pestañas temblaban. ¿Temblabas vos también junto con nosotros? O sentías por fin alivio.

Después hubo una larga temporada de sequía. En el mismo invierno, raro, muy raro. La polvareda cubría el aire y los cuerpos eran sólo sombras. Yo esperaba que se despejara para ver si alguno de esos cuerpos era tuyo.

No limpié tu sangre, no me llevé ni un poquito de tu sangre y me hubiera gustado llenar una petaca y colgarla de mi cuello como agua bendita, para la protección contra nuestros enemigos comunes.



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