martes, 23 de julio de 2013

ERIC SCHIERLOH / BALADA DEL HOMBRE SOLO


ERIC SCHIERLOH

 


BALADA DEL HOMBRE SOLO





 Mi mujer se ha ido a una de esas reuniones
con amigas de los buenos viejos tiempos;
yo me he preparado unos espagueti
con albóndigas y salsa descongeladas.
Afuera maúllan las bestias mientras desgarran
las bolsas de la basura de dos o tres días.
Después salgo a fumar un cigarrillo bajo las estrellas
con los brazos en jarra, como un buen entrenador atento.
Siempre que miro al cielo no puedo evitar
pensar en cosas como Platón o los ET,
o en una casa junto a la playa
con ventanas rotas y paredes agujereadas.
Hay rocío sobre el pasto y el techo de la casa brilla
como la espalda de una sirena en la noche.
La luna está amarillenta
probablemente por todas las porquerías que hay en la atmósfera.
Algunos disparos de escopeta y una alarma,
y algunas luces de edificios saturados que se apagan.
Voy a mear, sí señor; voy a mear
mirando la Osa Mayor o lo que fuera.
Antes de entrar en la casa reviso el buzón
y de regreso piso algunos hormigueros diminutos.
Dos gatos me miran desde las sombras;
«Bon apetit» les digo. «¡Bon apetit, bestias!»
Toda la casa a oscuras;
puedo oír el agua corriendo en las cañerías.
Me como las últimas albóndigas frías
mientras miro los recortes pegados en la heladera.
Me acuesto con los pies fuera de la cama,
vestido y con los dientes sucios.
Bendita oscuridad.
«Bendita oscuridad artificial», digo.
—Mi mujer es maravillosa.

de el libro EL MAMUT

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